“The Last Lance”: Armstrong cuenta “su verdad” en un documental de ESPN

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El dopaje a los 21 años, los beneficios de la EPO, el cáncer y sus sospechas de que pudo deberse a las hormonas de crecimiento, el maltrato de su padrastro… la estrella caída del ciclismo Lance Armstrong relató “su verdad” en un documental de ESPN.

“No voy a mentirte, te voy a decir mi verdad”, asegura el estadounidense al comienzo de “Lance”, el programa donde vuelve a ponerse frente a las cámaras para revisar su pasado, siete años después de su famosa confesión del dopaje en una entrevista con la estrella televisiva Oprah Winfrey.

La primera parte de este documental, de tres horas y 20 minutos, fue emitido la noche del domingo en Estados Unidos por la cadena ESPN, una semana después de que terminara su exitoso “The Last Dance” (El Último Baile), la miniserie documental que retrató la dinastía de los Chicago Bulls de Michael Jordan.

“Lance”, dirigido por Marina Zenovich, se desarrolla en torno a una serie de entrevistas realizadas al exciclista entre 2018 y 2019, en las que modificó algunos de los detalles que le dio a Winfrey. Por ejemplo, que sus inicios en el dopaje no fueron en 1996 sino cuatro años antes.

“Tenía probablemente 21 años, era mi primera temporada profesional”, dice. “¿Recibíamos inyecciones de vitaminas y cosas así antes? Sí, pero no era ilegal. Y siempre supe qué estaba recibiendo. Siempre supe lo que había en las inyecciones y siempre tomé la decisión”, recalca Armstrong, que hoy tiene 48 años.

– Dopaje y cáncer –

“Nadie me ha dicho nunca, ‘No preguntes, te daremos esto y eso es todo’. Nunca lo habría aceptado. Me informé, fue un paso por mi parte”, subraya quien fue líder de los equipos US Postal y Discovery Channel.

La cortisona era el producto que Armstrong consumía en aquel entonces. En 1993, se convirtió en campeón del mundo en carretera en Oslo, uno de los pocos títulos que no se le han retirado.

Después, el estadounidense hizo historia al ganar siete ediciones consecutivas del Tour de Francia, entre 1999 y 2005. Pero fue despojado de esas victorias tras ser suspendido de por vida en 2012 producto de una investigación de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) que determinó que Armstrong estaba a la cabeza del “sistema de dopaje más sofisticado, profesional y eficaz de la historia del deporte”.

La primera parte de “Lance” no se centra en la etapa en la que dominó el ciclismo con mano de hierro, sino en su infancia y sus primeros años en el deporte profesional, que pudieron haber terminado en 1996 por el cáncer de testículo que padeció.

Armstrong, que recuerda haber afrontado la enfermedad con la mentalidad de una competencia deportiva en la que hay que derrotar al rival, no descartó la posibilidad de que su cáncer estuviera relacionado con el dopaje.

“No tengo la respuesta. No puedo decir que no. Lo que puedo decir es que la única vez en mi carrera que tomé hormonas de crecimiento fue en 1996. Así que, en un rincón de mi cabeza, me hago la pregunta”, responde.

– La EPO, “un producto seguro” –

Un año antes del diagnóstico, Armstrong se había decidido a solicitar los servicios del controvertido médico italiano Michele Ferrari.

“Hice todo lo que me dijo, tuve una fe ciega en él”, recuerda. Él decía que “todo lo que necesitaba eran glóbulos rojos”.

“Lo que estoy a punto de decir no será popular, pero en muchos aspectos (la EPO) es un producto seguro. Siempre que lo uses con moderación, en cantidades limitadas, bajo la supervisión de un médico profesional”, afirma el deportista texano. “Hay sustancias mucho más peligrosas para inyectar en tu cuerpo”..
Armstrong dice que para él “no fue difícil” retomar el consumo de la EPO para volver a la competición tras derrotar al cáncer.

En el documental, Armstrong también recuerda una infancia marcada por la ausencia de su padre biológico y la violencia de su padrastro, que era capaz de golpearlo “por un cajón que se dejaba abierto”.

“Lance no sería el campeón en el que se convirtió sin mí, porque lo traté como a un animal”, dijo su padrastro, Terry Armstrong, que lamenta haberlo convertido en “un ganador a toda costa”.

En el relato de su infancia, Armstrong cuenta cómo, a los 15 años, rompió por primera vez las reglas al usar un certificado de nacimiento falso para inscribirse en una prueba de triatlón: “Tenías que tener 16 años… Falsifiqué el certificado, participé ilegalmente y batí a todos”.