Presidenta de Bolivia afronta protestas de afines a Morales

001

La presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, llamó el miércoles a reponer la paz y el orden constitucional y anunció una amnistía para los políticos autoexiliados, mientras seguidores de Evo Morales reclamaban el regreso del exmandatario de su asilo en México.
“Me comprometo a respetar los derechos de todos, a devolver la independencia de los poderes y reconstruir la democracia. He pedido a las Fuerzas Armadas y a la policía que garanticen la pacificación”, dijo Áñez al anunciar una amnistía para los líderes opositores que se fueron del país.
Mientras hablaba, una marcha de partidarios del exmandatario se dirigía hacia la casa de gobierno -que estaba resguardada por policías y militares- para protestar contra la asunción de Áñez a la que consideran ilegal.

Legisladores del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Morales y que tiene mayoría en la Asamblea Legislativa, anunciaron una batalla política ante la “ilegal sucesión”, dijo el diputado Juan Cala.
Morales renunció el domingo cercado por las protestas por supuesto fraude electoral y la presión de las fuerzas armadas.

El miércoles la policía le dio su reconocimiento a la mandataria. La víspera, tan pronto se autoproclamó, Áñez se reunió con el mando militar al que solicitó apoyo para la pacificación del país.

La Fiscalía informó que ha habido al menos siete muertos y más de cien heridos desde los comicios del 20 de octubre.

Asimismo, cocaleros del Chapare, bastión de Morales, tomaron el miércoles una vital carretera que une el occidente con Santa Cruz, en el oriente. “Exigimos el regreso de nuestro líder”, dijo la dirigente cocalera Segundina Orellana. Campesinos de otras regiones iniciaron protestas similares.

En La Paz los manifestantes exigían que Morales complete su mandato, que expiraba el 21 de enero de 2020.

El senador Arturo Murillo, ahora colaborador de Áñez, denunció al exministro Juan Ramón Quintana de estar operando desde la clandestinidad para articular las protestas contra el nuevo gobierno.

El Tribunal Constitucional avaló el procedimiento por el que Áñez se declaró presidenta interina ante el vacío de poder que generó la renuncia de Morales y su posterior ausencia del país.

Desde la Ciudad de México, Morales llamó a los actores del conflicto a participar en un diálogo nacional acompañado por países “amigos” y organismos internacionales. También acusó a la Organización de Estados Americanos (OEA) de servir más los intereses de Estados Unidos que a los de los pueblos latinoamericanos.

Ese organismo reveló irregularidades en el conteo de los votos de las elecciones presidenciales, lo que atizó las protestas y aceleró la renuncia del mandatario el domingo.

Áñez sumó apoyo de Estados Unidos y Brasil, pero su proclamación fue cuestionada por líderes afines a Morales.

“Esperamos con interés trabajar con ella mientras organizan elecciones libres y justas”, afirmó el subsecretario de Estado de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, Michael Kozak.

Brasil, el principal socio comercial de Bolivia, felicitó la asunción “constitucional” de Áñez y agradeció “su determinación de trabajar por la pacificación de Bolivia y la pronta celebración de elecciones”, según un comunicado de la cancillería brasileña.

En tanto, el presidente venezolano Nicolás Maduro repudió la proclamación de la “supuesta jefa de Estado” y catalogó el acto como una parodia al no haber contado, según dijo, con el quórum necesario.

En Argentina, la vicepresidenta electa, Cristina Fernández, comento en su cuenta de Twitter que “se ha instalado una nueva moda en Latinoamérica: parece que los presidentes ya no los eligen los pueblos… Ahora se autoproclaman con gran patrocinio mediático e inmediato reconocimiento de ya sabemos quién… y dicen hacerlo en nombre de la democracia”.

“Elecciones libres y justas son el camino para salir de la crisis, pero estas condiciones no existen actualmente y crear estas condiciones será una tarea enorme por la polarización política”, dijo Fiona Mackie, directora para Latinoamérica de The Economist al referirse a los desafíos que afrontará la Áñez.

Morales estuvo 13 años y nueve meses en el poder. Fue el primer presidente indígena y el que más años gobernó Bolivia, pero los escándalos de corrupción en su gobierno, su afán de reelegirse desconociendo un referendo que había rechazado esa opción y los señalamientos de autoritarismo mermaron su popularidad a pesar de su buena gestión económica.